José Pedro Varela: una obra que debe permanecer.
Por Dr Gabriel Cartagena Sanguinetti. Abogado. Docente en Facultad de Derecho.
En tiempos donde la educación vuelve a ser tema de debate, resulta imprescindible volver la mirada a la figura de José Pedro Varela, cuyo legado no solo marcó una época, sino que sentó las bases de lo que hoy entendemos como educación pública en Uruguay.
Varela no pensó la educación como un privilegio, sino como un derecho. Su impulso reformista cristalizó en la histórica Ley de Educación Común de 1877, que consagró principios tan vigentes como revolucionarios: la enseñanza debía ser laica, gratuita y obligatoria. Tres pilares que no solo democratizaron el acceso al conocimiento, sino que también construyeron ciudadanía.
Su obra trascendió lo pedagógico. Apostó a una educación que formara personas libres, críticas y capaces de integrarse a una sociedad en desarrollo. En ese sentido, la escuela pública fue —y debe seguir siendo— un espacio de igualdad, donde el origen no determine el destino.
Hoy, más de un siglo después, su legado interpela. ¿Estamos cuidando esa herencia? ¿Seguimos defendiendo una educación pública fuerte, inclusiva y de calidad? Recordar a Varela no es un ejercicio nostálgico, sino un compromiso con el presente.
Porque hay obras que no se celebran solo en fechas: se sostienen todos los días. Y la educación pública, tal como la soñó Varela, es una de ellas.
