¿Es caro el Uruguay?. Ramón Fonticiella

¿Es caro el Uruguay?. Ramón Fonticiella

“Primero lo primero”, como decía Tabaré Vázquez. Quien esto escribe no pasó ni por la vereda de la facultad de Economía, y ni siquiera de un curso de contabilidad. Habla como producto de las clases populares: trabajadoras, empeñadas en sostener a sus familias y de hacerse un lugar en el mundo.

Me preocupa (amarga) enterarme diariamente que hay empresas que generan producción y empleo, que dicen estar con dificultades para seguir trabajando. Me conmueve saber que en este enero se recaudó menos dinero de impuestos que el año pasado, y que por tanto habrá menos recursos para hacer frente a gastos presupuestales aumentados: bonos escolares, comedores en más escuelas de tiempo extendido, mejores condiciones a soldados,  policías y otros empleados del Estado.

Para quienes no tenemos formación académica pueden parecer dos cosas diferentes, pero creo que son efectos de una misma causa: contracción transitoria de la economía, entre otras razones globales.

Al saberse que nada menos que la histórica Norteña de Paysandú podría dejar de producir, y dejar gente en la calle, entra una aflicción especial, pero bueno es recordar que esa marca ahora se produce por una multinacional, que envasa la mayoría de las cervezas de este país y del Brasil. Los capitales existen para generar rentas para sus dueños, no para darle empleo a nadie; quienes piensen lo contrario tienen por acá ejemplos. Cuando los empresarios importantes entienden que no obtienen las ganancias necesarias, cambian de rumbo, de ramo o de estrategia. El bolichero no puede hacerlo: sigue empujando para hacer la diaria.

No me causa sorpresa: la doméstica Norteña, barata y sanducera, no puede competir con la avalancha de bebidas importadas de Argentina, Brasil, Méjico, Estados Unidos y Europa. Además seguro que también se nos ha refinado el paladar…

Casi de inmediato han surgido voces que gritan “Uruguay es caro! No se puede producir, todo se va en impuestos…”!

Tienen alguna razón, pero falta la mitad del enunciado: Uruguay cobra tributos  para que sus viejos, enfermos, estudiantes y toda la población, tengan apoyos sociales que en otros países no hay.  Los dueños del capital podrán pensar que no trabajan para eso en su afán de ganar más, pero los habitantes comunes, que reciben el fruto de esos impuestos en forma de medicamentos, alimentación, operaciones de ojos, salud gratuita, traslados sanitarios, atención de discapacidades y de emergencias (como la sequía), tienen que tenerlo en cuenta.

Muchas personas dirán que mi pensamiento es bobo, “que cada uno se arregle como pueda”.  No irán muy lejos, se bolearán en sus palabras cuando el primer chorro los asalte y no “aparezca ni un milico a rescatarlos”…El sueldo, uniforme y arma del policía, también salen de aquellos impuestos.

Parece fácil hablar “al cuete”, pero es malo y, como la mentira, tiene patas cortas.

Le asiste razón a quienes pueden estimar que el país es caro porque se gasta a veces mal; en acomodos por ejemplo. Eso es culpa nuestra, de la población que elige malos administradores que en lugar de cuidar la plata popular, se la regalan a los amigos para que les consigan votos.

De esto sé, sin necesidad de ir a la Universidad. ¡Cuánto dinero tiran en pagar sueldos a inservibles y en algunos casos malos ejecutivos!

Les doy dos casos y me quedo quieto (pero no callado) en mi rinconcito de la esquina del río Uruguay con el río Daymán.

Mirando con nostalgia una BRECHA de 2014, encuentro una crónica durísima sobre quien era intendente de Salto en ese momento, Germán Coutinho, que tenía enterrado al departamento (y sigue) con deudas por mala administración. En ese momento era  casi “mala palabra”. Hoy es director de ANCAP. Para mí es un ejemplo de plata mal gastada. No me importa si su partido lo impuso: no gobierna ni ayuda.

Otro caso, también de lo que conozco. El actual intendente de Salto hizo parte de su campaña comprometiendo buena administración “para gastar bien”; mientras, había colocado decenas de “fieles servidores” políticos en Salto Grande. Arranca proponiendo el presupuesto más alto de la historia, con un posible empréstito de más de dos mil millones, y contrata, designa, propone decenas de cargos de confianza, que se pagarán con plata de la población. ¿Vale como muestra de gasto que encarece al país?

Cuando le digan que Uruguay es caro, piense que lo encarece el acomodo de malos administradores y amigos políticos.

No todos son iguales. Como en toda actividad humana: hay que elegir bien.

Ramón Fonticiella es Maestro,  periodista, circunstancialmente y por decisión popular: edil, diputado, senador e intendente de Salto. Siempre militante

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